Abril, 2017

Tengo frío en el alma…
no se me ocurre pensar otra cosa que eso: tengo frío en el alma
entonces se me forma un nido de mirlas y demás pájaros que no sé
voy hacia el océano y entre tanto
canto, canto
cada día y cada palabra y
cada encuentro
en tus ojos donde comencé mi vida
hace cuánto
dónde…
el tiempo, qué otra cosa puede ser.

Advertisements

Otro borrador

Otra vez el silencio
así empiezo a escribir este “poema”
es claro que hace un rato que la palabra me deshabita
es claro que deshabité mi casa de palabras

Pero otra vez el silencio
qué es esta lucha que me toma en sus brazos
yo no soy este desánimo
que trata de agitar los brazos para llamarte
(cuánto toma decir adiós
abrir la puerta cerrar la puerta abrir la puerta
quemar la casa
saltar al río
llegar al otro lado del cuarto)

ya no determino la luz que cae o la luz que asciende
sobre mi piel está tu mirada

No soy más que el tiempo
y esta luz es ruido
la soledad también
no apago ni enciendo recuerdos ahora que todos se han ido
ahora que no quiero quejarme, pero me quejo

dónde está lo que mis manos hicieron
barro, barro entre las manos
manos que son barro
dónde están las flores
dónde estaré yo
dónde estarán las flores

Los días

aquí adentro está la sequía
aquí tiemblan los días y los besos que no te di
allá
aunque no pare de caer agua
y ya no pases por mí
esta falta de sílabas
me da sed

aún con los ríos que el tiempo ha formado

los labios que han dicho hasta luego
aún es lo terrible del desierto
decirme en una lengua extraña
hablar de un día que no llega
decirme en esta lengua extraña
el silencio de las palabras

el silencio de mis palabras

el silencio en mis palabras

yo pedí lluvia, no lágrimas.

Esto que aún no es una carta…{el silencio hace gestos}

Estoy escribiendo una carta
hace algunos años ya
intento hablar con el idioma que nos acerca:
me gusta el olor que precede a la lluvia-lo que me avecina al nuevo día-lo que consigo trae

el sabor de lo amanecido
lo que tuve de mi cuerpo-algo que suena en la cocina-la ausencia que retumba.

Te advierto, esto no es una carta
donde te comunico lo cansada que me encuentro
lo poco que se ha quedado del naufragio a mis pies
rodeando mi cama,
haciendo de mí ese barco que querías
alguna vez pensé… que eran tus labios los únicos que hubiera querido
pero uno piensa cosas
uno dice cosas
uno deja cosas.
Después de la lluvia -aún-
te formas con el rostro de otros
donde el silencio hace gestos
donde estás,
y he querido cerrar la puerta
o al menos reconocer eso que del viento se cuela entre los árboles
que me dan la sombra donde habito.
No he conocido trabajo más difícil que el de restaurar imágenes
y ruego al tiempo que haga de tu piel
la culminación del olvido

estoy sentada hace tanto
aquí
donde me viste por última vez
en Comala
lo que soy se mezcla con la bruma

aquí

dejo mis manos entre espinas
la memoria es el agua que bebo
intento ser leal al recuerdo
a tu casa tu voz tu lecho
todo eso que ya-no-habito
aquí estoy
en Comala
donde hace años intento escribir una carta
a alguien que se fue
sin devolverme el cielo que de mi boca se llevó

(09/09/15)

Yo le decía: ¿crees que saldrá el sol?

El tiempo se detiene donde caen las flores
suelo encontrarme pensando en una ciudad donde todo cabe
a merced de ese silencio que se forja en los pasos
suelo habitar lo desaparecido (o-casi-desaparecido)
y aquí
donde los pájaros no cesan de hablar
y es la bruma la que nos despierta
sigo de pie ante la memoria del mismo concreto
donde el tiempo perdona el abandono del amor
todo lo que la noche hizo con mi adolescencia
no saber nombrar las cosas esenciales
el aire que se acaba
la luz donde reposo

(San Rafael, Octubre/2015)

Septiembre…

Sé que el tiempo me ha dejado algo
la espuma del mar, tu rostro, añorar

tengo miedo de nombrar,
tengo miedo, punto

cavo espacios
la música hace el resto
me pongo de pie, es la palabra el encuentro inevitable
es la palabra el inevitable desencuentro
sé que del tiempo algo ha quedado en mi cuerpo
murmullos, la luz que cae al mediodía, cerrar los ojos
me duelen las manos
escribo cosas pasajeras, azares,
son tantas las cosas que quiero decir
tanto el aliento que me falta
aquí
he bebido cuanta agua pude
cuanta sombra pude
quiero escribirte
quiero bailar contigo
y me quedo quieta
parezco dormida
regresas, y el tiempo pasa
me encuentras, aparente
no soy más aquella
no soy más
esa mujer que se viste de amante
esa mujer que alimenta el día y la noche
la de piel plagada de océanos
esta mujer ahora bañada de estrellas apagadas
te habla, desde lejos
con la voz quebrada,
henchida del recuerdo que la abandona
el tiempo me ha dejado
esperando
después de todo, esperando.

It’s just rain

De repente caen unas gotas de lluvia en el patio de una casa cualquiera. Allá, en la ventana de la casa de al lado, sucede la misma anunciación de la lluvia. Un poquito más lejos, en esa casa gigante de la esquina, empieza a inundarse el universo de cada matera del portentoso jardín, y al tanto se mantienen los tejados del barrio que le sigue, amenazando a los niños con no dejarlos jugar. Las gototas de lluvia caen en todo el pueblito y resuenan con ecos extraños, hacen música torrencial y sonidos estruendosos que le dan la bienvenida al reinado acuoso. Nadie se atreve a salir de casa, creen que el aguacero les lavará sus ánimos, su vida entera, persisten en creer, que si son tocados por la lluvia, morirán al instante.
Más allá, muchísimo más allá, casi donde acaba este pueblito y comienza el otro, un muchachito triste y aburrido de su música, sus libros, sus paredes, toma la irrevocable decisión de salir a caminar, como si su creencia en la inexistencia del tiempo surtiera efecto en las gotas, nada más, ahí toda la vida escurriéndose por las calles, las casas, las fincas. Él camina cabizbajo, como siempre ha sido. Todos los demás habitantes se van quedando, uno a uno, detenidos sus cuerpos y sus miradas, encontrando la figura del muchachito danzando, en la veracidad del agua cayendo. Se detuvo la vida, de repente.